La Llora

Se conoce con ese nombre a una secuencia de bailes y danzas propia de la tradición de La Victoria, estado Aragua. Es una expresión coreográfico-danzaria que se escenifica en el día de los muertos, y que sobrevive gracias a la iniciativa de algunos jóvenes e instituciones culturales de la región que la han reactivado, rescatándola del olvido.

Es posible que en su origen La Llora esté vinculada a las costumbres mortuorias de los indígenas y que por imposición de los misioneros se hubiese ubicado en el mes de noviembre cuando la Iglesia Católica rinde culto a los muertos. Sin embargo la coreografía danzaria que hoy conocemos nada tiene que ver con la formas musicales indígenas. Es una música se realiza con guitarras, bandolinas, cuatro, contrabajo, cantadores y carángano, y que anima a las parejas que valsean en el Joropo, la Zambainina y el Aguacerito de Dios, los tres primeros bailes; mientras en La Vaca, el hombre simula torear a la mujer; en El Oso la pareja baila despacio e imitando a un oso; en La Chispa los bailadores se mueven como ebrios; en San Juan y La Magdalena el hombre imita los gestos del santo en éxtasis, mientras la mujer le va siguiendo; y en El Palito las parejas, agarradas por la cintura bailan dando vueltas mientras juegan a evitar que otro de los bailadores les haga zancadillas para hacerles caer.

En Suata, población cercana a La Victoria, se intenta conservar esta expresión a la manera tradicional. Por eso cada 2 de noviembre hacen su aparición las bailadoras con sus trajes floreados junto a los hombres vestidos de blanco y sombrero de cogollo para bailar en la plaza toda la noche y así renovar la vida de esta particular y hermosa tradición.


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